Un viaje por la historia de Tavernes de la Valldigna
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Historia de Tavernes de la Valldigna
Historia de Tavernes de la Valldigna: los orígenes prehistóricos
Las primeras constataciones PREHISTÓRICAS de poblamiento humano en Tavernes, y también en toda la Comunitat Valenciana, datadas en el Paleolítico hace más de 350.000 años, se encuentran en la Cova del Bolomor, en la montaña de l’Ombria. Las excavaciones confirman la adaptación de comunidades de homínidos, posiblemente de Homo heidelbergensis.
La Cova del Bolomor está considerada, además, uno de los yacimientos paleolíticos más importantes de Europa occidental, ya que ha permitido documentar aspectos fundamentales sobre la vida de los primeros pobladores del continente. Los descubrimientos en este enclave han contribuido de manera decisiva al estudio de la evolución humana y de las primeras formas de organización social de las comunidades prehistóricas.
Posteriormente, los neandertales establecieron asentamientos en esta zona, según los hallazgos de diferentes restos óseos en la misma cueva —molares, caninos y un parietal—, así como restos del hogar más antiguo de Europa, un hecho que permite verificar que ya realizaban un uso controlado del fuego, uno de los avances más importantes en la evolución de las sociedades humanas.


El Neolítico y la continuidad del poblamiento
Fueron las poblaciones neolíticas, con una vida más sedentaria, las responsables de la continuidad del poblamiento. En la cueva de la Carta, en el barranco del Bolomor, se han encontrado restos de este periodo.
En el periodo Neolítico, las cuevas se utilizaban como necrópolis, donde también se depositaban utensilios de la vida cotidiana. La cueva del Cazador —o de les Foietes— es una buena muestra de ello.
El asentamiento humano en Tavernes estuvo favorecido por las características geográficas de la Valldigna, un valle fértil protegido por las montañas y abierto hacia el mar Mediterráneo. Esta situación estratégica ofrecía recursos naturales, tierras aptas para la agricultura y una posición privilegiada para controlar el territorio, factores que han favorecido la presencia humana desde tiempos muy antiguos.
El poblamiento ibérico y los primeros asentamientos fortificados
Tavernes fue un lugar ideal para los IBEROS a causa de su morfología: proximidad al mar y promontorios desde los que tener un buen campo visual. Las ruinas de unas fortificaciones en la vertiente sudeste de la montaña de les Creus, conocidas como els Castellets, el Ràfol y la zona del Teularet, confirman la existencia de poblamiento ibérico.
La presencia romana en el valle
En cuanto a la ROMANIZACIÓN, la escasez de hallazgos confirma al menos la existencia de poblamiento en el valle durante este periodo. Existe la hipótesis de un asentamiento romano al sudeste del valle, por el descubrimiento de monedas romanas en la montaña de l’Ombria.


La Vall d’Alfàndec en época musulmana
En la época MUSULMANA, el valle se llamaba Alfàndec —valle o barranco en árabe— y el territorio estaba organizado en alquerías alrededor del castillo de Alcalà d’Alfàndec, que, junto con els Castellets, que ocuparon y rehabilitaron, completaban un sistema defensivo con misión de vigilancia.
Algunas de estas alquerías eran la llamada Gebalcobra —en árabe, montaña mayor—, el núcleo antiguo de la actual Tavernes, y la denominada Gebalsogra —montaña menor—. En el siglo XIII, los colonizadores pasaron a llamarlas Taverna y Ombria, respectivamente.
Fuera del valle había dos alquerías próximas que más adelante se incorporarían a los dominios del monasterio de la Valldigna: Massalalí y l’Alcudiola, situadas actualmente una alrededor del racó del Massalari y la otra donde se encuentra la antigua ermita de San Lorenzo, supuesta base de una antigua mezquita árabe. Esta división territorial duraría hasta el siglo XIX.
La conquista cristiana y el nacimiento de la Valldigna
Hacia el año 1240, Jaume I de Aragón ocupó el valle de Alfàndec y comenzó la presencia CRISTIANA. Para asegurar la explotación del territorio, no se expulsó a la población mora. A quienes permanecieron se les respetó su forma de vida, sus costumbres e, incluso, las tierras que trabajaban.
En el año 1249, el propio rey Jaume I efectuó la repoblación del territorio y concedió importantes donaciones a cristianos de otros lugares.
Jaume I también promovió la inmigración de judíos hacia los territorios conquistados, y en el valle de Alfàndec conservaron un lugar de privilegio como propietarios de casas y tierras, recibidas mediante donaciones reales hasta el siglo XIV.
Durante la reconquista cristiana se garantizó, por privilegio real, confirmado posteriormente en 1298 por Jaume II de Aragón, que a los mudéjares de la Valldigna se les permitiera su religión, lengua y costumbres. Pero esta situación de tolerancia cultural y religiosa fue deteriorándose hasta que perdieron libertades, derechos y estatus.
En 1298, al pasar por el valle y quedar sorprendido al ver una tierra tan copiosa, Jaume II le puso el nombre de Valldigna, denominación que ha continuado hasta hoy. Aquel mismo año cedió a la comunidad del Císter los terrenos para fundar el monasterio de Santa Maria de Valldigna, que se encargó de proteger a los cristianos del Ràfol.
La demarcación de la Valldigna se llevó a cabo en el año 1298, después de la cesión.


La expulsión de los moriscos y sus consecuencias
Durante la EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS, el monasterio confiscó las casas y las tierras de los musulmanes.
Los pobladores árabes tuvieron que aceptar forzosamente, entre otras cosas, ser incorporados al injusto sistema de señoríos.
La conversión y emigración de los musulmanes y la construcción de siete iglesias nuevas en todas las alquerías fue motivo suficiente para que los habitantes del Ràfol se trasladaran a vivir a Gebalcobra —Tavernes— y crearan el núcleo más poblado del valle.
Para frenar la fuga constante de infieles, los monjes cistercienses recorrieron todos los pueblos de alrededor con el objetivo de instruir a la población morisca según la religión cristiana.
Las consecuencias de la expulsión fueron diversas y complejas: la ruina de señores feudales, tierras abandonadas, largos periodos de crisis económica y demográfica, caracterizada por problemas de repoblación, falta de mano de obra y descenso del nivel de las rentas.
Defensa de la costa y patrimonio histórico
Hacia 1575, Felipe II encargó un estudio de la defensa del litoral por miedo a una posible invasión mora desde las costas de África, ya que el litoral sur y este peninsular era atacado a menudo por piratas y corsarios que arrasaban cultivos y saqueaban pueblos.
Es entonces cuando aparece un nuevo tipo de construcción defensiva: las torres de vigilancia. Se construyeron por todo el litoral mediterráneo y formaban parte de un sistema de vigilancia que permitía avisar rápidamente de un ataque. La torre de guaita de Tavernes, cerca de la playa de Tavernes, es una de las mejor conservadas de la Comunitat Valenciana. Fue declarada Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, y está inscrita desde 2002 en el registro del Patrimonio Histórico Español.


Modernización, crecimiento y ciudad actual
El siglo XVIII es tiempo de MODERNIZACIÓN, una época eminentemente positiva en cuanto al crecimiento demográfico y al potencial económico. Podemos destacar un imparable crecimiento de la agricultura. El cultivo más rentable en el regadío era el trigo y, después, el arroz. La ganadería, en cambio, estaba en gran medida subordinada a la agricultura.
La Valldigna todavía era tierra privilegiada y el monasterio de Santa Maria tenía potestad sobre la mayoría de los bienes.
En cuanto a la evolución de las mejoras técnicas de la época, destacan los molinos hidráulicos, adaptados al proceso de elaboración de harina o blanqueo del arroz que, aprovechando la energía hidráulica, accionaba todo un sistema encadenado de producción.
En Tavernes todavía se conserva alguno: el Molí Vell del Pla es el ejemplo más claro de estas construcciones.
En este proceso de modernización, la culminación llegó con la revolución industrial y la incorporación de la línea de ferrocarril Carcaixent-Dénia en el año 1884. Este medio de transporte era aprovechado tanto por viajeros como por comerciantes y abrió las puertas al comercio, permitiendo la movilidad de la gente y garantizando una comunicación constante.
Título de ciudad y evolución contemporánea
Durante las décadas posteriores, la agricultura del valle experimentó nuevas transformaciones con la expansión del cultivo de los cítricos, especialmente de la naranja, que acabaría convirtiéndose en uno de los principales motores económicos de Tavernes y de toda la comarca.
Como punto final de este breve resumen de la historia de Tavernes, hay que comentar que la localidad obtuvo el título de ciudad en el año 1916, concedido por el rey Alfonso XIII.
A lo largo del siglo XX, Tavernes de la Valldigna continuó creciendo y transformándose. El desarrollo urbano, la mejora de las comunicaciones y el aprovechamiento de su privilegiada ubicación entre el mar y la montaña impulsaron su evolución hacia una ciudad moderna.
En las últimas décadas, el municipio ha combinado su tradicional vocación agrícola con el desarrollo del turismo, especialmente en la zona costera. Tavernes de la Valldigna ofrece hoy una amplia variedad de atractivos que incluyen playas, rutas senderistas, festivales variados y eventos culturales a lo largo del año, como las Fallas, cuya primera comisión data de 1976 y actualmente están muy arraigadas en el municipio. Todo ello hace de Tavernes un lugar que une historia, naturaleza y patrimonio dentro del paisaje singular de la Valldigna.

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